martes, 14 de abril de 2009
DONDE HABITA EL EGO
Todo su espacio se redujo a ese lugar en el que la luz entraba de manera directa por la ventana, acariciándole dulcemente la cara y elevándola, sin querer, hasta la azotea.
La estufa de leña, que se ubicaba frente al sofá, le calentaba el espíritu, protegiéndola de la escarcha de su cuerpo.
Su mundo había rebosado, inundado por la Diógenes de ego de su “amado”. Ella sólo había podido salvar este territorio, protegiéndolo con toda la fuerza que su pequeño cuerpo podía fabricar.
Había ido construyendo un muro de metacrilato alrededor, desde aquel día que cayó derrumbada en la pequeña butaca huyendo de una “euforianarcisista” que le perseguía por el pasillo.
No pudo más con aquello y decidió instalarse allí, donde la insignificancia de lo que la rodeaba, dejaba la justa distancia para el exceso de vanidad. La humildad era la única que tenía cabida, compañera inseparable desde que tuvo que esconder su ego para ubicar el ego doble (ahora triple) de su compañero de vida.
Desde ese día en que su alma, reconfortada por el sol, resurgió serena, ya no tuvo intención de volver al otro lado. Ese lado en el que desaparecía, no encontrándose ni en los espejos. Habitó, pues, allí, reposando al fuego de la estufa y el sol.
Allí suspiró tranquila hasta que un día vio como todo aquel calor brillante resquebrajaba el muro y arrasaba con todas las cosas que no eran suyas, convirtiéndola en el eje de todo su entorno.
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Y dichoso ese momento en el que el mejor abrazo es el auto-abrazo.
ResponderEliminarGran escrito y magnifico colage!!!
Mil sonrisas
muchas gracias lluvia, mil besos
ResponderEliminarbuen blog psa al mio
ResponderEliminarMe ha puesto los pelos de punta... a nadie le deseo que su mundo se vea reducido únicamente a una pequeña estancia, durante años supe lo que es eso y no se lo deseo a nadie...
ResponderEliminarera un poco simbólico...muchas gracias por leerme, siento que te haya traído malos recuerdos. un saludo
ResponderEliminarhola graciaspor pasar
ResponderEliminaradios
de nada diego, me gustó. hasta luego
ResponderEliminarPrecioso texto, críptico en parte, pero precioso.
ResponderEliminarUn saludo muy cordial.
V.
Gracias por compartir ese amargo y dulce rinconcito de intimidad. No dejes escapar el calorcito..
ResponderEliminarSaludos!!
hay egos aplastantes que invanden el espacio de los otros, apartándoles a un rincón, pero esos egos inflados han perdido la capacidad de observar la sutileza, la belleza de lo simple, han perdido la habilidad de rescatar de la vida lo realmente importante y eso les acaba barriendo, arrasando.....gracias por leerme, amigos.
ResponderEliminarParece que el ego autorecluído y misterioso, enigmático, quisiera dejar de serlo y llamar la atención.
ResponderEliminarInquietante.
Ya estás enlazada.
Dejo mis bicos
un honor fonsilleda verte por aquí.
ResponderEliminarEs una buena pelea, la lucha por el íntimo espacio y a veces muy difícil de ganar, porque nuestro ego nos traiciona poniéndose de la otra parte.
ResponderEliminarMe gustó mucho tu escrito. No te dejes invadir.
Gracias por visitarme, si no te importa, volveré a leerte.
Un racimo de bicos para ti.
si efectivamente los egos son así, buscan su espacio. En mi caso creo que tengo espacio soficiente para el mio y espero que de los que me rodean y quiero encuentren tb su sitio.
ResponderEliminarbesos