viernes, 27 de marzo de 2009

FU-NAM-BU-LIS-TA


“Persona que con habilidad y arte, anda y voltea sobre una cuerda o alambre”

Cuando escuchó esta palabra por primera vez, tenía apenas 7 años. Cuando la oyó, se quedo impresionado, impactado ante el descubrimiento. Primero su asombro fue; que pudieran existir palabras tan largas, y segundo, que además de su extensión pudieran ser tan bonitas.La palabra se fue
instaurando en su cabeza como un sonido constante, que repetía su cerebro una y otra vez FU- NAM- BU- LIS- TA, sobre todo; cuando se quedaba sólo con sus pensamientos y todo estaba en silencio, en ese momento, las sílabas aparecían de un espacio que tenía en su mente, donde almacenaba las cosas que le gustaban, y que el abría con mayor facilidad cuando sentía que nadie iba a poder invadir ese lugar. FU- NAM- BU- LIS- TA, al principio repiqueteaba como si estuviera lejos, y poco a poco iba escuchándola acercarse hasta que se iba posando en la punta de sus labios, en ese momento, su lengua se agitaba y parece que ya no podía hacer otra cosa que abrir la boca para dejar salir aquellas sílabas maravillosas FU- NAM- BU- LIS- TA.Fue mucho mas tarde cuando averiguó su significado, el miedo a la desilusión que en experiencias pasadas ya había sufrido con otras palabras, fue el causante de la demora de su pregunta. Había sido su abuelo, el que en otras ocasiones, le había resuelto sus dudas, dudas múltiples que el siempre le explicaba con la mayor de las delicadezas, envolviéndole, casi desde el principio, en un abrazo acogedor que le hacía navegar en su descripción, con un sentimiento de amparo que nadie mas le ofrecía. Además, su abuelo, también era capaz de abrir esa parte en su cabeza donde guardaba todas las cosas buenas. En ese mismo día en el que su abuelo resolvió la incógnita, se dio cuenta que su vida iba a cambiar bastante, ya que desde ese momento, iba a intentar dedicarle casi todo su tiempo a ese maravilloso arte que enmarcaba aquella palabra que tan fácilmente se había instalado ya para siempre en su cabeza.


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El lunes venía en el diario local, que en la noche del sábado pasado, moría Gerardo Martínez con 25 años y funambulista de profesión. Moría como consecuencia del impacto frontal contra el suelo que sufrió tras caer desde 25 metros de altura, en plena plaza de callao y ante la mirada de un centenar de espectadores que en ese momento silenciaban la última actuación de este joven, después de haber aclamado enfurecidos y hasta desgañitar QUE LO HAGA!! QUE LO HAGA!!!. Por lo visto, dentro de la programación que esta ciudad y gran enclave cultural, ofrecía el sábado 17 de septiembre, en su ya conocida noche mágica estaba la de este joven; Gerardo Martínez, funambulista de profesión. Gerardo Martínez cerraba la noche en su primer bolo dentro de la capital y primera actuación fuera del humilde circo al que había destinado sus últimos 7 años, y que le había visto nacer como artista.Según diferentes testigos que presenciaron el acontecimiento, Gerardo se atrevió a cruzar el largo alambre que cruzaba la Plaza de Callao, a pesar de las inclemencias del tiempo y de las recomendaciones de sus compañeros expertos y familiares que se encontraban allí. Desde abajo la masa aclamaba eufórica al principio, enfurecida al final. Como consecuencia de la desorganización de todas las actividades programadas para esa noche, la ciudad era un deambular constante de personas sin destino, personas que habían salido a la calle con grandes expectativas , juntándose gran parte de ellas en la Plaza de Callao para dar punto y final a esa velada, con ganas mas si cabe, de manifestar su ira que de presenciar un espectáculo. Al intuir la masa, parece, que éste tampoco se iba a celebrar y después de haber sufrido ya un retraso de dos horas, la masa gritaba enrabietada QUE LO HAGA QUE LO HAGA, sin tener en cuenta que el viento en ese momento estaba moviendo peligrosamente el alambre de Gerardo. Gerardo, ante la presión (dicen algunos) , movido por su inexperiencia (dicen otros), o por su gran pasión ante este arte (dice su abuelo con lágrimas en los ojos), decide proseguir, y encontrándose ya a mas de la mitad del recorrido, un golpe brutal de viento mueve el alambre como si se tratara de un simple hilo dental, lanzado vilmente a Gerardo contra el suelo. El sonido del impacto fue atronador y tras él, dicen que el silencio arrasó la ciudad, por lo visto, nunca en su historia había quedado tan muda, y en ese mutismo la masa se fue retirando poco a paco a sus casas a sufrir la resaca.

El abuelo de Gerardo comentó que le vio sonreír antes de morir.

La masa ya no se acuerda

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