lunes, 25 de mayo de 2009

ALMA FELINA


Qué puedo hacer?, sufro mucho, y no sé como liberarme, no sé como sacarme este alma que llevo dentro de este saco de pelos, hocico y colmillos puntiagudos. Esto es serio, mi carácter se está avinagrando.Al principio no podía evitar mis tendencias, me hacía un hobillo en el sofá, es mas, me hacía un hobillo en las piernas de mis “caseros”, pero debía ser que resultaba incómodo (creo que por mi peso) y no probé mas después de la segunda vez que me atizaron en el morro ¡ maldita manía!. La misma técnica utilizaron, cuando en varias ocasiones oriné y defequé en un montoncito de tierra que saqué del macetero de la planta que tienen en la entradita, esto se ve que no gustó, no gustó nada, por qué aquí, si que me arrearon bien los muy hijos de puta. Parece que les sorprende, y no muy gratamente, que les restriegue mi cabeza y arrastre mi culo por todo el piso, que me intente meter en una bolsa de plástico (de la que guardo muy malos recuerdos), que pretenda atrapar los rayos de sol con mis manos, o que me intente comer a su canario. Tampoco les agrada nada cuando me subo en el alfeizar, o salto con el objetivo de coronarme en la barandilla de la terraza.A mi vecino, compañero ocasional de juegos, por lo visto también hay cosas de mi que no le complacen, dice; que no soporta nada cuando me relamo las patitas después de comer, y que no es el acto en sí, lo que le provoca, sino las formas. Se ve que tampoco le cae bien, mi manerasigilosa de caminar, y menos que le sorprenda ocasionalmente, la última le caí desde la escalera, casi le mato al pobre saco de huesos.Temo que mis caseros van a tomar medidas drásticas, no les va nada bien saberse a mal con casi todo el vecindario y veo que la presión les está haciendo mella. Yo he intentado modificar mi comportamiento, pero ya es demasiado tarde, y que coño, no puedo reprimir mis INSTINTOS.Mando un SOS a todas aquellas personas de liberal corazón, que quieran acogerme en sus casas:“CHUCHO CON ALMA FELINA” se ofrece para ser tu mascota, TE LLEVAS DOS POR EL PRECIO DE UNO

martes, 19 de mayo de 2009

PEQUEÑOS DETALLES


No he escuchado el despertador, por lo que me he levantado de un salto y con el corazón en la oreja. A la vez que intentaba dar un masaje a mi miocardio, elegía mi indumentaria recordando la frasecita martillo de mi madre “hija, tienes que ser mas organizada”, a la que yo siempre respondía “mama, mi organización es ésta”, es esta puta mierda que me hace llegar tarde siempre y con esta facha, ya que mi elección ha sido a tientas y a una velocidad incompatible con el buen gusto. Con este resultado, bajo las escaleras camino de la cocina con la intención de desayunar antes de salir a la calle -algo vital para mí- llevo años convenciéndome a mi misma de que; si no como antes de cruzar la puerta de la calle “no soy persona” (creo que esta argumentación se la copie a alguien), por lo que llevo años sin ser persona cuando salgo de casa, quizás me parezco mas de lo que creo a mi perro “marrón” (mal nombre, pero estaba falta de imaginación y que le voy hacer si tiene este color). Bien, pues por este orden, ya estaba en la cocina, y efectivamente como casi todos los días “no hice café ayer“, entonces me cago en todo lo que no tenga que ver conmigo, proyectándo mi cabreo en mi pareja, que es el que me pilla mas a mano, y en mi perro, que ahora me está dificultado el paso al cuarto de baño. Después de saltar al pobre canino con ninguna habilidad y llevándose la consiguiente patada, aplaco del todo sus ganas de recibirme de buena mañana meneando el rabo, y noto una mirada de “arrieritos somos y si pudiera te iba yo a menear otra cosa”. Entro en el baño, por fin, y me doy de bruces con mi imagen en el espejo, intentando no concentrarme en ella, y para ello suelo fruncir el ceño y semicerrar los ojos, adivino que bajo mi responsabilidad cargo con varios colores de tolerancia cero entre ellos. No me da tiempo a mas, me lavo la cara, me echo crema como si untara mantequilla en un molde de bizcocho, colonia de baño y ale. Salgo a la calle, y me pongo a correr hacía la boca del metro, que me la imagino como un agujero negro que me engulle, meneándome y poniéndome del revés, dándome pellizcos, tirándome del pelo, babeándome, gritándome en el oído y todas esas pequeñas putaditas que os podáis imaginar, a la vez. ¡Coño!, ¡al metro hay que ir prepara!, no se puede ir de cualquier manera, y menos al borde de un ataque de ansiedad. Bajo las escaleras de dos en dos, y casi del tirón, porque tropiezo y de poco caigo de bruces, me llevo mi pequeña torcedura de tobillo, y ya van diez. Llego al torno, saco el billete de diez, lo meto y sale el puto billetito por un lado que no es su salida habitual, me armo de paciencia y lo vuelvo a meter, ¡coño! ¡ya no me quedan viajes!, ¡ostia puta!, ahora me las tengo que ver con la máquina. Saco el “bonoabismo” después de esperar su evidente cola. Llego al anden, en el que me esperan centenares de compañer@s de viaje, amig@s de línea, tod@s con cara de “mecagoenestaputalíneaquetodoslosputosdíaslepasaalgoalajodía”. Entramos a empujones en el vagón, y yo me agarro al bolso de una señora que tiene unas agarraderas estupendas, todo, por no agarrarme a su culo, me sobra una mano que saco de entre la multitud para plantarla en la puerta del vagón. En el metro hay muchas normas, unas explicitas y publicitadas y otras implícitas, una de ellas es; que cuando la cosa se pone así, el espacio vital no existe, entonces te puedes tocar, incluso sobar y restregar con todas las partes de tu cuerpo, pero las manos a la vista, con las manos, ni se te ocurra. En cada estación paramos, y estamos un tiempito largo para que seamos conscientes de nuestra humanidad y capacidad para resistir debajo de tierra apenas sin respirar. Llego a mi parada y consigo salir a codazos, otra norma; con los codos si se puede tocar, por lo menos yo se lo veo hacer a muchas personas, sobre todo a mujeres de cierta edad . Salgo del vagón, y me dirijo a la salida en procesión con otro centenar de compañer@s amig@s de estación, tardo mas de cinco minutos en salir, pero paso de subirme las escaleras a pulso. Por fin en la calle, intento ponerme los cascos para escuchar un temita que me relaje un poco de ese funesto comienzo de día, y por lo visto no lo tengo. Entro en el trabajo, por fin, me dirijo a la cafetería donde espero encontrarme a Julia, mi compañera, y allí está, tomándose un café y fumándose un cigarrito en la “narcosala”, cuando me ve aparecer, veo que se emociona, eso hace que me emocione yo y que aparezcan en mi retina imágenes olvidadas hasta ese momento del día anterior, nos abrazamos en un mar de lágrimas. Cuando consigo hilar alguna palabra, me sale un aullido muy similar a los que hace mi perro marrón y en el que se puede descifrar algo así como:
!!!JODER JULIA!!! LO HABÍA OLVIDADO, ¡¡¡¡MIERDA DE CRISIS!!!

sábado, 9 de mayo de 2009

LA EDAD IDIOTA


Me di cuenta ese día, en el mismo momento en el que hablando con mi hermano por teléfono pronunciaba esta frase “joder vaya mierda, creo que me he pillado”, en ese preciso instante caí en la cuenta de que me había llegado, había oído hablar antes de aquella epidemia que afectaba a personas de cierta edad, era cierto que el tema en cuestión rondaba la calles ya hacía tiempo, y yo incluso, me había visto envuelta en alguna conversación debatiendo sobre el asunto; siempre desde una postura ajena a mi.
El caso es, que según iban saliendo las palabras por mi boca, empecé a atar cabos, empecé a recordar síntomas que había escuchado o leído en alguna parte y fui analizándolos uno a uno; -creer que ciertos sentimientos nos hacen más débiles, -no soportar ser vulnerables, -necesidad de tener todo el control de nuestras tripas, -pataletas como consecuencia de sentir nudos en el estómago, -abstinencia de emociones fuertes (de no ser autoprovocadas), -intentos de meter nuestra vida en tubos de ensayo, -guardar el corazón en el congelador y sacarlo sólo con prescripción médica, -negación a sufrir la consecuencia de nuestros miedos, -usar el miedo en todos nuestros actos, -convertirse en la antitesis de l@s niñ@os que fuimos, -guardar la infancia junto con nuestra inocencia, -sufrimiento en exceso de autoprotección, -vivenciar el enamoramiento como si fuera la antesala de una enfermedad grave, -confundir síntomas del enamoramiento con una gastroenteritis aguda.



¡Ostia! era exactamente lo que me ocurría a mi, eureka, me vanaglorié de mi precisión en el diagnóstico, a la vez que sentí un golpe en el pecho y en el estómago. ¡Dios!, ¿cómo podía haber sido tan torpe?, ¿cómo me había dejado llevar hasta allí?, la parálisis se apoderó de mi, ¿cómo me podía haber infectado?, pensaba que había tomado todas las precauciones ……………………y si, efectivamente me había puesto un condón gigante. De repente no podía respirar, todo aquello que había guardado para mis adentros se había revelado y ya no había manera de contenerlo, todos aquellos sentimientos oprimían mi cuerpo, mis músculos, mis órganos, no podía mantener más esa sensación de presión, necesitaba explotar, me convertí en una olla express en su punto de cocción máxima, entonces decidí abrir la tapa, saliendo de mi boca un pequeño gritito constante que iba creciendo en intensidad convirtiéndose en desgarro, en aullido, a la vez mi cuerpo se iba moviendo a su antojo, primero con pequeños espasmos descoordinados llegando a ser descargas incontrolables, de mi cuerpo sólo salían movimientos y sonidos inconexos, transformándome en un remolino o molinillo sin rumbo y sin destino en pleno centro de Madrid. Como un molinete recorrí muchas calles, chocándome con farolas, papeleras, semáforos, paradas de autobuses, estancos, farmacias, tiendas de chinos, badulakes, puestos de castañas, puestos de la once, kioscos, comisarías……… cuando frené y a consecuencia de mi aceleración corporal, expulsé por mi boca un gran signo de interrogación que llevaba tiempo atragantado en mi estómago, entonces sentí que me llenaba de signos de exclamación, signos que no estaban dispuestos a seguir encerrados en el olvido, mi boca se habría de nuevo para soltar a viva voz: ¡¡¡ TE AMO!!! ¡¡¡¡TE QUIERO!!!!! ¡¡¡¡YA NO PUEDO VIVIR SIN TI!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡YO NO SOY IDIOTA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!Cuando acabé de gritar, me quedé sin aliento, y note como una lágrima corría por mi mejilla, hacía mucho tiempo que no lloraba.

Abrí los ojos y me quedé mirando embobada la cabeza del caballo de la plaza mayor que tenía enfrente de mis narices, sus ojos me miraban con una mezcla de ternura e interrogación. Con la interrogación que yo había expulsado minutos antes.

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